Contenido
 

 
Poesía

Para encontrar mi palabra

Innumerables poetas dijeron ya
que en un grano de arena ven el mundo entero,
en la palma de la mano el sinfín, en el ojo el Firmamento,
y que un día puede ser toda la Eternidad.

Cuántos de ellos celebraron el amor,
maldijeron el sufrimiento, la tristeza, el dolor,
describieron la muerte, el Infierno, el Paraíso y un hogar feliz,
invocaron la perennidad de su obra y su nombre.

Todo está dicho, todo está visto,
intuido, todo cantado,
y no hay nada que no haya sido.

Qué hago entonces aquí,
como la primera mujer y el primer hombre,
como el propio Dios...

Para decir lo dicho.
Para describir lo descrito.
Para encontrar mi palabra.


Cuando muere un niño

A Nikola

Cuando muere un niño
las lágrimas son inoportunas
todo lamento todo calambre
hacen demasiado ruido
en las entrañas
que lo anidaron.
Cuando muere un niño
no se cae la estrella
sino que sube más arriba,
asciende para no volver
por su maldita
senda estelar.


Vangelis y yo

Crece la voz de la última voluntad dormida
sobrevuela de cámara en cámara
los instantes amarillos de la infancia
los instantes amarillos de la juventud
y el instinto innato de partir
pero también de permanecer aquí
aquí donde se alternan las estaciones del año
donde todavía hay matices suaves
y hierba en el prado...
Violeta, azul, verde
rojo y transparéntemente cercano
el cerebro tiene hambre de ozono
las células se abren como la flor de lis...
Vangelis se levanta
mira al cielo
humildemente se persigna
hablándole al Señor
y por fin juntos conquistamos el Paraíso.
Conquest of Paradise.


Entre nosotros

De noche me llevas por el sendero de los amantes
me tiendes una flor inexistente
de colores y olores imposibles
me seduces con ojos misteriosos
y traspasamos los abismos más peligrosos.

De día, domada,
me pones debajo de tu camisa
para que te guarde el calor
y dé de beber con rocío a las corzas
que se callan entre nosotros.


La rosa blanca del recuerdo

Tú eres como una gota de rocío
en un pétalo de la rosa blanca del recuerdo.
Tu risa se derrama por mi corazón
como la luna llena en la cara dormida de un niño.
Te ríes como el eco de un nombre amado
en una tierna sonata de abril
sin darte cuenta de que en mi ojo vive la aurora.
Tú no sabes que mi pensar en tí nunca se acaba
pero sabes que simplemente te adoro
como el primer rayo de sol que cae en mi rostro.


Canción a dos voces

El corazón del corazón.
El alma del alma.
qúe fragancia
qué sabor
a ozono.
qué brillo
a amor
ansiado
y no vivido.
Abre la ventana
para que mi pensamiento
se te pose en la frente.


Paisaje urbano

Se hace oír
el castigo de Dios
el ladrido rabioso
de los hombres
debajo la piel.
Con paraguas
por encima del agua
juegan
las neblinas amarillas
del paisaje urbano.


Comida

Los grandes
se alimentan de los pequeños
de las imperfecciones del hombre pequeño
de sus sueños diabólicos
y de su absurda realidad.

Los pequeños
se alimentan de los grandes
de las imperfecciones del gran hombre
de sus sueños diabólicos
y de su absurda realidad.


Los hilos dorados del silencio

Pensando en tí
empiezo
y termino
cada día mío,
me dices.
En tanto, yo
yo ato mi corazón
con los hilos dorados del silencio
para que con una trampa cariñosa
se calme
y no lata tan fuerte
no corra al encuentro de tu corazón
temblando de tal manera
eso me da miedo.
Y leo de nuevo La confesión
tú lo sabías todo de antemano
sabías que yo era la corza...
¡Una corza en el Paraíso perdido! *)

*) Escritos del Padre Justin Popoviæ


En breve

En el lecho extraños
en la mesa conocidos
y en la puerta, tu nombre.


La palabra

En mis labios
en mi pecho
tú despiertas la palabra -
la chispa por la que
mi corazón se va a congelar
y el tuyo, a cobrar calor -
la palabra que del gran engaño
nos hace regresar y nos separa.


Amor

No te puedo comparar con nada
así que todos mis poemas
hablen de lo que hablen
hablan de tí
amor.


La verdad

Decir la verdad es sólo la lengua natural.
Ser valiente es padecer insomio permanente
correr entre horizontes enturbiados
pernoctar en el frío
y en la palma aún tibia
brindar una ofrenda al poema
y al tiempo que no va a venir.


Y para que lo sepas

Y para que lo sepas
suele ocurrir
que el cielo
desciende
hondo en la tierra
suele ocurrir
y tú no sabes
ni cuándo
ni cómo
desaparece el pensar
y el alma se apaga.


A veces

A veces es difícil admitir
que estás disperso
por desconocidas
por extrañas
y lejanas aguas
que los ojos
se te ponen en una estrella
y que la palabra es demasiado débil.
A veces es duro
todo este extranjero
siendo cadáver
en medio del desierto
y a luz dar
vivos y sanos
niños humanos.


Da lo mismo porqué

No viniste.
Lo atestiguan el pan
el silencio y el vino
la mesa en que todo tiembla
y todo confundido está
delante de la puerta cerrada
mientras yo me consumo
en lugar de la vela.


Monumento a mi vida

Mis manos primero jugaron,
en el regazo de mi madre,
en la fuente de la vida,
y dieron vueltas
dibujando en el aire
signos mágicos
para conciliar
el sueño
sano y apacible
del niño.

Entonces armaron
y desarmaron
juguetes,
llevaron a la boca
golosinas
y frutas
y tragos dulces
del agua fía del manantial,
hicieron bolas de nieve,
ramitos de flores silvestres,
mis manos.

Además de mi madre
y mi padre
abrazaron a la abuela,
a las tías,
los tíos,
y a los demás miembros
de mi numerosa familia,
mis manos.

Más tarde llevaron
a la mejor amiga
y al mejor amigo,
y en los bolsillos escondían
pequeños secretos infantiles
y escribían las primeras letras,
y palabras importantes,
mis manos.

Hacían mil y una cosas,
mis manos:
dibujaban,
tejían,
daban de comer,
limpiaban el polvo,
consolaban,
jugaban con el ratón del ordenador,
apretaban la esperanza,
apoyaban a los amigos,
a los enemigos,
a los amores,
y a todo el resto,
a los transeúntes casuales
e intencionados
por mi vida.

Se extendían con ilusión,
cual alas de pájaro,
previstas para un vuelo interminable,
y abatidas se cruzaban
en el pecho,
mis manos.

En el conocimiento,
en la ignoracia.
hacían la señal de la cruz,
mis manos.
Me sostenían la cabeza
entre las palmas calientes,
para que siguiera consciente,
y sobre los hombros,
para que no estallara
en un millón de lucecitas.

Ahora yacen tranquilas
sobre mi falda
y se tienen una a la otra
prestando oído,

cual mellizos
en el vientre de la madre,
a los pasos del Día
del Juicio.
Mis manos
son el monumento vivo de mi vida.


Mientra tú duermes...

Mientras tú duermes
yo escucho
los ecos de Rachmaninov
miro en torno mío
veo las sombras de Woodsman
multiplicadas, agitadas,
cada una busca una cara nueva;

Mientras tú duermes
yo me voy a hacer
lo que olvidé anoché
con las manos en los bolsillos
cruzo la calle
miro brevemente en derredor
veo a alguien parado en la esquina
contando persistentemente mis pasos...

Mientras tú duermes
yo tomo del brazo
al amo de la soledad
y me voy con él
a la peluquería
luego a lo de el proveedor IT
y entonces a la pequeña iglesia
en la que el sábado pasado
a propósito te dejé
con una vela encendida en la mano
para los vivos, no para los muertos,
pronunciando la letra de una canción
invocatoria que tú mismo inventaste
de niño
cuando tenías miedo de las sombras alargadas...

Mientras tú duermes
el cielo encima de mi cabeza
volvió a cambiar de ropa por centésima vez
cual una belleza indecisa
preparándose
para el baile al que no va a ir
se pone un broche de sol radiante
en las nubes indiferentes
y gira mis pasos
hacia tu espejo:
camino despacio
firme
y ligera
el día me sigue fielmente
y juntos nos vamos
a imprimir la sombra
en tu rostro despertado
la sombra que
en vano tratarás de sacarte
con una crema de afeitar de calidad
mientras andes cazando tu cara de hoy.


Mientras todo duerme...

Mientra todo duerme,
honda,
pesadamente,
sin pesadillas,
pero sin sueños,
como organismos de alquiler
con vacancia pagada,
sin misión,
en tanto en el silencio que arrebataste
todo lo insignificante pierde su imagen,
los de la casa,
la calle,
la ciudad
y el farol
al que le da igual
bajo qué ángulo echa su luz
y en qué dirección hace girar las sombras,
en tanto el frío se infiltra
por las grietas del pensamiento
y tu vida parece
irreal y real al mismo tiempo,
tú pones música,
llenas la copa con el licor de los recuerdos
y vuelves a dar vuelta la página,

Mientras todo duerme
y trata de acurrucarse en sí mismo
tú sales
de tu prisión personal
y me escribes
al fin del mundo,
al otro extremo del planeta,
allí donde siempre es de mañana
cuando tú ya estás de noche,
y completamente al revés,
allí donde dejaste caer un collar de perlas
que alguien,
acaso desconocido,
de paso recogió
y contento se puso
sin pensar en el dueño
y su risa perdida.

Mientras todo duerme
sin la menor idea
de que justo por eso
abres tus ojos profundos
y las casillas secretas de tus pensamientos
postergados
envías un mensaje
a zonas que no te abandonan,
a un mundo congelado
de cálidos vientos pasados
y señales junto al camino
casi borradas,
allí donde te dejaste
al irte para encontrarte...

Mientras todo duerme
tú velas por mí,
el que otrora fue,
el primogénito
el único que es,
desterrado a precipios traspasados
a partidas forzadas,
a casillas y casilleros ocultos
por los recodos de la fortaleza frágil
que tiembla
ya al respirar
y qué decir del ventarrón,
de las tormentas y de los truenos,
te adentras por los recintos
que tú mismo arreglaste
creyendo que iban a ser la última morada,
áquella en la que se muere
definitivamente,
por voluntad propia,
y de una vez
para siempre...

Como en una complicada función
mal dirigida
todos tus personajes
salen juntos al escenario
y cada uno dice su texto por su parte
sin fijarse en la trama principal
y en las reglas generales de la dramaturgia.
Cada uno dirige
sus movimientos hacia tí
sin darse cuenta de que tú
ya no eres el autor del guión
ni el que determina el día
del estreno
y el número de las subsiguientes
funciones,
que es otro el que maneja los hilos,
detrás del telón,
completamente invisible,
implacable y mezquino.

Mientras todo duerme
sin la menor idea
de los acordes y de las notas
que llenan tus horas después de la medianoche
ni de las palabras
que inscribes en el infinito vacío
por la pantalla salvadora,
tú con imágenes pretéritas
y vagas nociones del futuro
recalientas el corazón cansado
que desearía descongelarse,
ensanchar los vasos sanguíneos
acelerar la circulación y captar el ritmo,
y le pides que deje de jugar
que te deje en paz
y que se parta en dos voluntariamente
mientras todavía tiene fuerzas para ello.


Viajes

Ya no hace falta que me vaya a alguna parte,
todos los viajes pueden cesar,
las huídas,
las búsquedas,
todo andar.
Todos los paisajes
en palabras mías se convirtieron,
los ríos en mi sangre desembocaron,
el mar me tragué,
las montañas adopté,
los bosques domestiqué,
los valles conté,
del cielo azul y tormentoso
un vestido de gala me hice.
No hace falta que me vaya.
Todos los viajes pueden cesar.

(Traducido del serbio por Silvia Monrós de Stojakoviæ)